Edición 9, agosto de 2018

Editorial

Nos quedamos en Daroca, en su semana de Música Antigua, tal como aconsejábamos al viajero en el editorial pasado. Pero no lo hicimos en un lugar cualquiera. Buscamos uno de los mejores alojamientos de la Comarca, el Hotel-Apartamentos Melihah. Nada se deja al azar en este establecimiento que nos recuerda el conjunto de culturas que se han dado cita en la ciudad. Cada estancia, cada apartamento, lleva un nombre relativo a ese hecho. De este modo, junto con una de las grandes reinas de la Corona de Aragón, Doña Petronila; se dan cita las princesas árabes Zayda – la que fuera aman-te de Alfonso VI -; Amira – que enamoró a un Sultán de Egipto con su forma de danzar y cantar-; Melihah – la princesa que morirá en venganza por liberar a su amado cristiano D. Jaime, poco antes de la entrada en Daroca del rey Alfonso El Batallador- y Halima – la protagonista de la leyenda de la Torre de Zoma de la ciudad. Reinas, princesas y leyendas rodeadas de piedra, madera, ladrillo y forja. A lo que se suma la gran amabilidad de su personal, dando lugar a un espacio fantástico para disfrutar de las tierras zaragozanas.

     Pero ya es tiempo de tornar Jiloca abajo. En vísperas de la festividad de San Roque, fiesta grande en Calamocha, donde el dance se constituye en uno de los momentos centrales. Luego a celebrarlo a lo grande en el Hotel Fidalgo, en cuyo restaurante siempre somos bien recibidos.

     Hacia Teruel nuevamente y en el camino bullen nuevas ideas para La Tajadera, que como verá el lector y viajero, es una publicación dinámica, incapaz de quedar quieta en un sitio, tal vez por el carácter un poco nómada de los que la escriben.

¡Consigue nuestra última edición!

Si quieres estar al día de nuestros reportajes, o disponer de nuestra revista física.

Viajar es también el buscar la tranquilidad, la paz interior. Aquello que los epicúreos, llamaban la búsqueda de la ataraxia, que significa para esta corriente filosófica encontrar el placer. El mismo concepto de ataraxia, en el que los estoicos querían reconocer dicho equilibrio en la renuncia a la búsqueda comodidad material, a la fortuna externa guiando nuestras vidas por la razón y la virtud. O en el caso de los escépticos en el hallazgo de la serenidad e imperturbabilidad del ánimo. La Tajadera aspira a conseguir la ataraxia en nuestros lectores, a que alcancen ese nirvana al que aspiran los budistas desterrando el desasosiego que va asociado a nuestros temores que normalmente acompañan a los deseos.

     Es por ello que el lector, junto a los contenidos de viajes, gastronómicos y las referencias culturales que han presidido esta publicación desde sus inicios, va a sentir como se incorporan nuevos elementos como vida alternativa, terapias, sonidos, etc. y una Mirada Violeta, que nos ofrecerá el prisma de las mujeres, con nombre propio y en femenino, desde los ojos del mundo rural. Ambas iniciativas conducidas por Manel Marina y María Bosque respectivamente. En este número también podremos apreciar la colaboración del periodista Jacobo Elizalde, quien nos contará cosas a propósito de los sonidos del Tíbet y sus más que conocidos cuencos.

     Nueva temporada, nuevos contenidos. Como siempre agradecemos especialmente a nuestros anunciantes el inmenso es-fuerzo por mantener vivo este proyecto, que cada día encuentra nuevos afanes para seguir adelante, a pesar de unos calores que casi acaban con nosotros.

Allá vamos.