Edición 2, enero de 2018

Editorial

Y sin embargo, nos leen

Dicen que fue San Agustín, un sabio que acabó siendo santo, el que acuñó aquella famosa frase de «errare humanum est», o sea, que equivocarse es humano y le puede pasar a cualquiera. También dicen que la frase no era del todo suya, sino que era la mitad de otra que la había copiado a Cicerón, el filósofo romano, y que acaba diciendo «nullius nisi insipientis, in errore perseverare», o sea algo así como «pero sólo de ignorantes es perseverar en el error». Nosotros no vamos a enmendarle la plana a ninguno de los dos, así que, reconociendo que nos hemos equivocado, también queremos declarar abiertamente que no tenemos intención de seguir haciéndolo.

Las cosas como son, y reconocemos que en la pasada edición hubo algunos errores en la maquetación y algún despiste en los textos. Lo propio de las prisas, de las fechas, y de las ganas que teníamos todos por sacar la revista cuanto antes. Nada que no se pueda entender, enmendar como algo del pasado y mejorar en el futuro. De hecho, uno de los errores consistió en precisamente en equivocarnos con la fecha de la edición: aparecía «enero de 2017» en lugar de diciembre. Y eso que la maqueta de la revista con ese peculiar viaje al pasado pasó por varios pares de ojos antes de proceder con la impresión. Precisamente a ese lapsus calami los psicólogos los llaman «ceguera inatencional». Dicho en castellano coloquial, es no ver lo que tienes delante de tus narices… o que lees lo que quieres leer. Algo parecido nos ocurrió con las fotografías de un cliente, y se nos colaron dos rechazadas previamente.

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Y como no hay dos sin tres, la tercera ceguera fue la de este modesto editor que no cayó en la cuenta de que la revista la iban a ver personas de medio mundo, sí, del mundo mundial, y que no todos saben dónde está Calamocha… aunque quizá debieran.

En cualquier caso, anécdotas aparte, estamos muy satisfechos y agradecidos por la buena acogida que ha tenido el primer número de La Tajadera. Los 400 ejemplares editados volaron de los estantes en las primeras horas de su distribución y no digamos las 700 y pico copias electrónicas que se enviaron en formato PDF. Tanto es así que en cuestión de minutos comenzamos a recibir felicitaciones desde los cuatro puntos cardinales del planeta: Nueva York, San José de Costa Rica, Ámsterdam, Berlín, Barcelona, etc. Para que luego digan los mal pensados, que son los menos pero haberlos ahílos, que «quién va a leer esto» o, qué «más que revista parece un catálogo».