Edición 5, abril de 2018

Editorial

La cita de este mes nos lleva por los caminos próximos al Jiloca. Le haremos una sugerencia al lector. Una de esas miles de posibilidades que se nos ocurren ante unos paisajes singulares que nos deja nuestro paso por caminos, carreteras secundarias y localidades —unas más singulares que otras— pero todas ellas llenas de algún secreto; de alguna vieja historia o de muchos recuerdos.

Hoy dirigimos nuestros más lejanos pasos hacia Daroca, pero no sin antes detenernos en ese espacio excepcional que son Los ojos del Jiloca, en Monreal del Campo. Allí alzamos las tajaderas de nuestros sentidos y disfrutamos de vista, sonidos y olfato. Dejamos volar la mente e imaginamos las mañanas de invierno frio, cuando el agua discurre y se alza en niebla por la diferencia de las temperaturas entre ella y el hielo de la tierra. Imagínese el lector, cómo ha de ser la primavera entre los carrizales, mitad tierra; mitad agua. Los árboles que nos rodean y vemos los chopos negros, los sauces blancos y los canosos álamos del entorno. Todo es paz y susurro; pura naturaleza, cuyo sonido solo se interrumpe por el canto de los pájaros, en uno de los espacios de mayor riqueza ornitológica de Aragón. Alrededor de donde manan las aguas, se dibuja un espacio de pradera, que les dan ese aspecto de ojos, de mirada de la tierra que se dirige al transeúnte.

En este discurrir por Aragón entre lluvia, viento y nieve, que taponan en este abril la llegada de la primavera, encaminamos nuestros pasos por Calamocha, sin salir de la ciudad donde nace La Tajadera y allí abordamos a Juan Miguel Sánchez, quien a base de esfuerzo ha levantado su empresa y mejora la calidad de vida de los habitantes de la Comarca del Jiloca, haciendo más confortables sus viviendas.

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El mismo caso de Francisco Hernández que crea empleo en la ciudad, evitando el terrible lastre que la diáspora a la gran capital ejerce sobre una comarca que lucha por su supervivencia. Desde el gobierno comarcal José Antonio Ramo lucha contra los mismos elementos, desde una institución que pretende acercar la administración a los ciudadanos. Pero la vida no es solo economía y «perricas». También es salud, y en este deambular calamochino, nos detenemos a charlar con María del Carmen Lomas, quien con sus manos y a través de la fisioterapia, repara los cuerpos de los lesionados de la zona, aplicando una ciencia que cada día se va desarrollan-do más y más.

Pero Calamocha se nos viene encima, y hartos de deambular por las calles, volvemos al coche para acercarnos a Romanos. Tan solo veintidós kilómetros de distancia. Nos acercamos hasta la residencia donde nuestros mayores han decidido quedarse, la mayoría por sentirse acompañados y atendidos espléndidamente en estos años que aún les quedan junto a nosotros.

Pero dijimos que La Tajadera también es gastronomía. Y precisamente las viandas locales son objeto de dos reportajes. El primero en Calamocha, en «La Despensa» donde Jesús Tello nos enseña los manjares que el cerdo, la ternera o el cordero, ponen a nuestra disposición para disfrute del viajero que se acerca hasta el municipio. El segundo nos lo ofrece un charcutero de la vecina ciudad de Daroca, donde Raúl Hernández ha abierto a las nuevas tecnologías sus deliciosas chacinas que se han incorporado al whatsapp, porque lo tradicional y el buen sabor, no están reñidos con las nuevas tecnologías.

Levanta con nosotros esta Tajadera, que te irá mostrando nuevos secretos de Aragón.